ICELAND. 6 DÍAS TREKKING DE LANDMANALAUGAR





Reikiavik nos recibió soleada y fresca. Pronto un autobús nos llevaría al pie del trekking del Landmanalaugar. Un campamento con servicios básicos y un centro de asistencia donde debíamos registrarnos por seguridad. Así sería en cada refugio del camino.

El comienzo fue impresionante. Caminábamos dentro de una gigantesca colada de lava color granate. Las lomas del fondo eran naranjas, verdes casi fluorescentes, blancas y negras. Mis montañas de colores. Al salir de la colada el camino se empinaba y un intenso olor a huevos podridos te rodeaba. La tierra entonces era amarilla, naranja, color crema. Aquí y allá pequeñas fuentes termales burbujeaban lodos de color plomizo o azul lechoso y yo no podía parar de alucinar. ¡Nunca había pisado un paisaje como este!

Negro sobre blanco. Ceniza sobre el hielo infinito.
Poco a poco, nos fuimos quedando solos. Las ordas de turistas paraban en este punto del camino y los que continuábamos llevábamos todos el mismo uniforme: grandes mochilas, botas y ropa de abrigo.
Si queréis informacion detallada del trekking: GRANDES VIAJES
























Los 6 días que duraba el trekking caminé sorprendida de lo que mis ojos veían: No había vegetación, ni seres vivos. No había ni hormigas ni pájaros. Aún en el desierto yo veía más vida que aquí. Eso me hacía pensar que este paisaje debía ser muy parecido al del origen de la tierra. Hielo y fuego. Grandes fuerzas de la naturaleza mezclándose para que millones de años después una delicada capa de vida se extendiera por todo el planeta.





Yo pensé que la tierra ya estaba hecha. Pero no. Aquí todavía está cociéndose y es impresionante poder asistir en primera persona.Caminé sobre grandes llanuras de hielo espeso, cubierto por una fina capa de ceniza volcánica negra y por llanuras de escoria ferrosa de intensos colores rojizos. Recorrí kilómetros entre coladas de lava negra aún humeante que derretía el hielo que tenía debajo creando corrientes de agua helada que había que vadear.

 El Eyjafjallajökull, Tierra Nueva.

¡Qué fría estaba el agua! ¡Qué jodido es quedarse en pantalón corto y vadear ríos que llevan una corriente del demonio con una mochila a cuestas que te pesa 15 kg con las piedras clavándose en las plantas de los pies! ¡Y hay que ver lo que me gusta y cómo disfruto!

Hubo días duros y días muy duros. Pasamos cansancio, hambre y frío. Y todos, todos tuvieron su recompensa. El camino mismo y la superación con buen ánimo y sentido del humor de las adversidades. ¡Esto te hace grande!

 El Eyjafjallajökull, aún humeante y caliente

Barrancos descomunales, valles tapizados de ese musgo verde fluorescente, montañas piramidales, volcanes recién creados que aún desprendían calor por el suelo que pisábamos, ríos descomunales de una potencia devastadora, docenas de cascadas y, un día, un bosque. Pequeñito. Los árboles no eran mucho más altos que yo con montones de flores lilas y amarillas. No podéis imaginaros la impresión que me dió ir acercándome al bosque y caminar por él por un día. ¡La vida!

¡De verde fluorescente!
Terminamos este trekking, descansamos dos días y nos subimos a la península de Hornvik. Hosntrandir. Un lugar apartado del mundo. Allí ya no había ordas de turistas. Solo encontramos una expedición bien montada de alemandes y nosotros ¡Pura aventura!

Final del trekking. Skogarfoss

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